Convivir con los Adolescentes

“CONVIVIR CON ADOLESCENTES” NIÑOS QUE PASAN A SER ADULTOS.

¿ES POSIBLE CONVIVIR Y ACOMPAÑAR A LOS ADOLESCENTES EN ESTA ETAPA TAN EXIGENTE DE SUS VIDAS?

La adolescencia es una fase conflictiva. Los vertiginosos cambios físicos y psíquicos hacen que padres e hijos se sientan muy perdidos. La comunicación fluida ayuda mucho, pero a veces la paciencia es la mejor herramienta.

La gran mayoría de padres cuando hablan de la adolescencia lo hacen en términos negativos, dramáticos y hasta catastróficos. La suelen definir como una etapa en la que tenemos que sufrir (y no disfrutar). Como suele repetir Javier Urra, “hoy en día dices que tienes un hijo adolescente y te dan el pésame”.

El caso es que muchos padres encaran con temor la adolescencia, tal vez recordando la que ellos mismos le montaron a los ahora abuelos. Y estos últimos, aunque en general intentan ser discretos y no hacer leña del árbol caído, a menudo nos miran de reojo con una sonrisa maliciosa, como diciendo: “¿Te acuerdas? ¿Ves lo que tenemos que aguantar los padres?”

Pues bien, hay esperanza. La adolescencia es dura a veces, pero pasa. Si no, piensa un poco: tú también fuiste adolescente, ¿no?

¿POR QUÉ LA ADOLESCENCIA ES UNA ETAPA TAN DIFÍCIL?

La adolescencia es una fase a menudo conflictiva que, hoy en día -porque parece que se va adelantando–, suele producirse entre los 12 o 13 y los 16 o 17 años.

Puede ir precedida por la pre adolescencia, una fase más o menos larga de turbulencias más o menos intensas que a veces parece que empieza justo al acabar el cólico del lactante.

Se han propuesto muchas teorías para explicar este tipo de conductas: que es cosa de las hormonas, que necesitan rebelarse contra sus padres para afirmar su propia personalidad, que lo que pasa es que están malcriados y muy consentidos porque se ha perdido el respeto y la disciplina y “nosotros no éramos así”.

La adolescencia no puede evitarse, por supuesto. Vendrá, seguro, y luego acabará, también seguro. Pero sus efectos serán distintos según cuál sea la situación de partida.

“ES UNA ETAPA QUE TAMBIÉN SE PUEDE Y SE DEBE DISFRUTAR.“

Los padres debemos que apreciar esta etapa como una verdadera oportunidad. Hemos de tener presente que la adolescencia solamente podremos entenderla si no la observamos como una “etapa aparte”, sino como un período en donde se manifiesta lo que cada niño o niña ha recibido en su infancia. Por tanto, dependiendo de la forma en la cual los hemos educado a nuestro hijo y de aquello que le hemos ofrecido en sus primeros años, determinará su forma de actuar y comportarse en la adolescencia. En términos generales, un buen niño o niña será un buen o buena adolescente, aunque también rebelde y distante, características propias de esta etapa. Pero al mismo tiempo nos van a necesitar a su lado. Nos toca, pues, reflexionar sobre el modo en que estamos ejerciendo la paternidad, no solo en esta etapa sino en las que la preceden.

Los adolescentes no son niños ni tampoco adultos pero nosotros, los padres, en ocasiones los tratamos como niños y éstos se rebelan, fruto de un sentimiento de independencia que empiezan a manifestar. En otras ocasiones los tratamos como adultos y les echamos en cara que se comporten como niños y esto también les daña haciéndoles sentir más que ridículos. Es una etapa de continuos conflictos (a todos los niveles): es un continuo tira y afloja entre los padres y el niño. Una etapa de crecimiento y adaptación a una nueva situación.

Es evidente advertir que los adolescentes de hoy no son ni mejores ni peores que los de otras generaciones, simplemente son diferentes. Por tanto, tenemos que prepararnos bien para los desafíos que nos encontraremos en esta etapa, que nos pondrán a prueba a diario. Debemos educar desde la exigencia, pero con ternura. Dicho de otro modo, con autoridad y cariño. Aquí no nos sirve la permisividad, pero tampoco el autoritarismo, si queremos que la adolescencia sea una preciosa oportunidad para que rectifiquemos aquello que hemos enseñado mal, pero también lo que no se ha aprendido correctamente. Si tienes un hijo o una hija adolescente, te doy mi más sincera enhorabuena. Disfruta del momento...

Recuerda algo muy importante: aprende a ponerte en su lugar. Por eso debes preguntarte: ¿qué sentías tú en esa etapa?, ¿de qué forma veías a tus padres?, ¿qué relación tenías con ellos?, etc. Es una buena forma de empatizar con tus hijos adolescentes, algo que nos cuesta bastante. Si disfrutamos de ellos en la infancia no tenemos porqué dejar de hacerlo en la adolescencia.

Estos son algunos de mis consejos claves para reconectar con tu hijo:

  1. INTENTA VER SUS CUALIDADES

Busca el lado bueno, siempre lo hay. Seguro que tu hijo hace muchas cosas bien a lo largo del día, e incluso las que hace mal no las hace todo el rato.

En vez de convertirte en el típico padre o madre cascarrabias, rumiando continuos reproches (“¡Cuántas veces tengo que decirte...!”, “¡Mira que me tienes harta con tus...!”, “ Y a eso le llamas tú...”, “Este fin de semana olvídate de...”), esfuérzate por buscar cosas positivas, recordarlas, nombrarlas en voz alta.

  1. CAMBIA DE PUNTO DE VISTA

Descubrirás que incluso algunas cosas que te parecían mal se pueden interpretar de otra manera. Piensa en esta frase como ejemplo: “Otra vez lo has dejado todo para la última hora, ¿crees que harás en una noche lo que no has hecho en todo el trimestre?”

Ahora compárala con esta otra: “Ayer te quedaste estudiando hasta muy tarde, veo que este trimestre te lo tomas en serio”. O bien “te pasas el día de cháchara con los amigos, más te valdría hacer algo útil” frente a “tus amigos te quieren mucho, siempre te llaman”.

  1. HABLA BIEN DE TU HIJO

Los trapos sucios se lavan en casa. Los padres caemos con demasiada facilidad en la pequeña venganza de reunirnos con otros padres para poner verdes a nuestros hijos: “Si te cuento como tiene la habitación...”, “Y el tío, encima, va y me pide dinero para un disco...” Intenta evitarlo. ¿Qué pensarán los demás de tu hijo si hasta sus propios padres lo critican? ¿Te gustaría que tu hijo fuera contando todo lo que sabe de ti?

  1. RECUERDA TU ADOLESCENCIA

Haz memoria. ¿A que también discutiste alguna vez con tus padres? ¡Y más de una! Intenta recordar qué sentías, por qué dijiste lo que dijiste y por qué hiciste lo que hiciste. Intenta imaginar qué sentían tus padres, por qué dijeron lo que dijeron (¡seguro que ahora te resulta más fácil!).

¿Todavía estás convencido de que tenías la razón, toda la razón, y de que tus padres eran unos retrógrados y autoritarios? Pues a lo mejor es eso lo que piensa ahora tu hijo.

  1. DALE TIEMPO

Y a lo mejor también tiene razón (¿o también se equivoca?) ¿O, tal vez, con la perspectiva que dan los años y la experiencia, comprendes ahora que tus padres también tenían parte de razón, que tuvieron que (o que, honradamente, creyeron que tenían que) hacer lo que hicieron, que tú tampoco se lo pusiste fácil?

Pide ahora disculpas a tus padres y deja de esperar que tu hijo comprenda en dos días lo que tú has tardado veinte años en descubrir.

M.A. ANA ROJAS